Opta por desarrollos versátiles que permitan cadencia fluida con viento variable, y elige cubiertas con buen agarre en asfalto húmedo y tramos arenosos. Revisa pastillas y cables a diario; el salitre acelera desgaste. Un enjuague dulce al terminar previene crujidos, óxido y sorpresas inoportunas.
Una chaqueta impermeable transpirable, chaleco reflectante y guantes cortaviento salvan una etapa cuando el parte cambia de repente. Añade luces delanteras con corte antideslumbrante y traseras intermitentes. Juega con capas finas; sudar demás enfría. Mejor llevar braga térmica y gorro fino para descensos helados junto al acantilado.
Protege equipo y recuerdos con alforjas estancas bien ancladas, bolsas de cuadro para snack rápido y funda de móvil sellada. Lleva lubricante cerámico, trapo de microfibra y multiusos liviano. Diez minutos de mimo cada tarde ahorran horas perdidas buscando ruidos, tornillos y flojeras misteriosas.
En A Coruña, la Torre de Hércules, faro romano aún activo, recuerda que guiar es un acto milenario. Al aproximarte en bici, siente el viento contar batallas y observa cantería impecable. Esa mezcla de historia y esfuerzo convierte cualquier subida final en celebración memoriosa y humilde.
Historias de torreros aislados, familias esperando víveres y cartas llegadas por cable aéreo iluminan pausas junto a barandillas. Pregunta en centros de interpretación; hallarás diarios, mapas y fotografías. Entender sacrificios pasados inspira prudencia, gratitud y una ética del cuidado que se nota en cada giro del pedal.
Salida junto a la Torre de Hércules y avance por calas escondidas hacia Malpica, Laxe y Muxía, terminando en Fisterra con su faro al borde del mundo. Terreno ondulado, viento caprichoso, mar siempre presente. Excelente combinación de cultura, marisco, alojamientos acogedores y fotografías inolvidables al atardecer.
Un corredor verde que alterna vías ciclables y carreteras secundarias con repechos juguetones. Faros de Getaria, Matxitxako y Cabo Mayor acompañan antes del imponente Cabo de Peñas. Lluvia posible todo el año; recompensa con gastronomía generosa, museos marítimos cuidadísimos y calas que invitan a mojar pies cansados.
Arranca en el dramático Cabo de São Vicente, continúa por Aljezur y Odeceixe, y abraza la Costa Vicentina hasta Sines, Setúbal y el faro de Santa Marta en Cascais. Mucho sol, carriles protegidos, cafés encantadores y pescaderías donde recargar energía con historias y sardinas recién brillantes.